12.01.2010
“Por una nueva Cultura Empresarial”
Jesús Jiménez Juango
Creo que uno de los principales quebraderos de cabeza a los que hoy se enfrenta un pequeño empresario es que no sabe exactamente qué hacer o a dónde acudir. Es tal la sensación de abandono y, en algunos casos, desesperación que muchos de esos reponsables toman una de estas tres decisiones:
A. Cierran su empresa, tal y como refleja este enlace.
B. Reducen costes con el siguiente resultado. El problema de quien ha practicado esta medida grosso modo es que puede haber descapitalizado a su empresa de las capacidades y del equipo con los que deberá contar para afrontar el período posterior a la crisis que, más tarde que temprano, pero seguro que llegará.
C. Redoblan sus esfuerzos en el sistema de trabajo que conocen y que se ha demostrado hasta ahora válido. Por eso, la sensación de agobio y estrés máximo porque "no tenemos tiempo" lo que suele lleva a cometer un error fundamental: desatender el negocio. Todo ello sin considerar el pequeño detalle que señala que "si haces las mismas cosas, obtienes mismos resultados".
Por cierto, esta última medida también se presenta de otro modo: se entra en una carrera desesperada por dotar a la empresa de las últimas tecnologías disponibles. Es decir, se llena las oficinas de htcs, blackberrys, netbooks de todos los tipos y colores, ... Sin tener claro cuál es su utilidad ni si va a servir para el propósito de la empresa que es SER RENTABLE SIEMPRE. En cierta forma, este paso se puede entender si tenemos en cuenta estos dos factores:
1. Vivimos en una sociedad en donde la tecnología ha avanzado tan rápido que ha dejado muy atrás a las personas y, por lo tanto, nos fiamos muchísimo más de los aparatitos de luces que nos rodean que de los de nuestra misma especie, ¿o no?
2. No todo el mundo vale para gestionar o tomar decisiones. La situación actual ha dejado al descubierto que muchos gestores carecen de capacidad de "visión", es decir, no miran por el largo plazo y el bien común de las personas que tienen a su cargo sino que han caído en la tentación del resultado inmediato. Muchos han dimitido de su responsabilidad (que también va en la percepción económica que cobran) bien porque no saben hacer otra cosa o bien porque no quieren.
¿Qué queda entonces para los que se sientan "empresarios" y no tengan miedo a que les reconozcan como tales? Un cambio de cultura basado en estos dos puntos:
Punto Primero. Fomentar un cambio dentro de la empresa que debe girar en torno a la persona y que debe empezar por uno mismo. Es decir, hay que liderar con el ejemplo para involucrar a personas, la mayoría de ellas, muy bien formadas y con unos criterios muy claros de lo que quieren o no quieren, de lo que les gusta y les disgusta.
Punto Segundo. Hay que implantar un sistema de gestión de personas que, primero de todo, reconozca las capacidades de cada uno, su aportación al crecimiento de la empresa y que, además, permita su desarrollo profesional y personal. En definitiva, hay que fomentar y creer en la potencialidad de las personas con las que trabajamos.
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